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No estoy jugando cuando te digo que hice esto con los ojos cerrados. Y las puertas del vagón cerradas. El universo está lleno de puertas cerradas.


Me duele la garganta. Ella me dió un caramelo que me adormeció la jeta. No sabe bailar marengue. No sabe bailar merengue. Sigilosa al pasar.


En el piso como un perro. En la cama como la dueña. Sujeto tu mano, y recuerdo como cantaban en San Francisco. Te sujeto en la punta, nada más. En equilibrio. Música Disco. El infierno. Mensajes satánicos.


El día y la hora apropiados, el papel ahora está más envejecido y mi mano se mueve sola, sigo haciéndolo sin ver. Sin verte.


Tomas, café helado, que aún está caliente. Comparado con las lluvias de enero, tan frías que derritieron al sol. Añoras el café helado, de a diez mil. Sólo encontré un bolivar de canto dorado en el piso. El sucio piso.


Mezcla, es más que monógama. Una invalidez de pensamiento tan injustificada, que ni un suspiro podrá levantar lo que han callado por siglos. No se imagina a osiris haciendo otra cosa.


Antes de llegar al piso 11, puedes subir al 18. Puedes llegar a Planta Baja y subir nuevamente al piso 18. Bajar hasta planta baja. Bajar hasta el andén. Bajar hasta el averno. Subir a lo epicúreo de la ionosfera.


La luna estaba llena cuando caminé a mi casa. Tu flor preferida es la cayena. Orejas de iluminación, tus mantras, tus mantras. Al hombre no le afectan las cosas, le afecta la percepción de esas cosas.


Se abre la tertulia de los eruditos que nunca supieron escupir. Ser sensible o no ser sensible, he ahí el dilema de las gónadas atrofiadas. Tú sabes Pan.


Ascensor en árabe se dice AliBaba. El elevador sube, el elevador baja. Como mis pies que de la tierra se separan. Amaneciendo viendo tus ojos.


Algún día las máquinas harán todo, todo harán. No existirá el dinero y todos nos dedicaremos a pensar, no a trabajar. Algún día alguien inventará una máquina que produzca agua de la nada. Algún día Sophia leerá esto.


Has nadado, no callada, por profundas aguas subepidérmicas. No fué un volcán, fue un agujero negro, hasta que se trago a sí mismo. Quedando la saliva.


Suaves y adornadas, manos acarician, su concéntrica armonía. Donde no han visto su paso, nadie sabe que es una bandida! Forajida! Nunca sabrán!


Salen los gallos de su sobria voz, ¿No es lo mismo ver el muchacho que tenerlo?